
Lo sé: en este blog (y por extensión, en ningún lado) no debería hablar de política, ni de familia, ni de religión. Pero mejor le echáis la culpa a M., que me envió la imagen adjunta y despertó en mí a la bestia jacobina hasta entonces dormida.
Veamos. Podemos plantearnos la posibilidad de que estemos ante un
fake, de los que gustaban a Orson Welles
. En todo caso, diríamos que como pieza artística la vidriera no vale mucho. Quizá nos interese más el aspecto iconográfico: la imposición de manos de un ministro de la Iglesia a un menor. Pero claro, tal y como va la cosa, también podría estar imponiéndole otra cosa.
Otra M., bastante más prescindible que la del envío de la imagen, me dijo una vez que "no debería criticar a la Iglesia si no formaba parte de ella". Vamos, que por esa regla de dos (las neuronas de que disponía la elementa), jamás podría criticar a Hitler por no ser yo alemán. Y además, ¿Quién habla aquí de criticar? Lo único que quería era comentar algunas cosillas que se me han ido ocurriendo en relación al -llamémosle así, para abreviar- CPE (Culebrón Pederasta Eclesial):
1. Podemos entender sin problemas que no todos los curas son unos pederastas. Entendemos también -aunque sea mucho entender- que algunos serán capaces de sublimar el deseo sexual propio de su ser biológico y afectivo durante toda o parte de su vida
2. No obstante, parece razonable pensar que, si al susodicho personal religioso se le permitiera tener pareja con la que practicar sexo -entre otras modalidades de comunicación afectiva-, igual no habría tanto enfermo con sotana por ahí aprovechándose del cargo para conseguir afecto por vías digamos enfermizas
3. Un asunto relacionado y no menor es el síndrome RCC (Religiosos Con Complejos), que impide que en el seno (el sustantivo no ha sido seleccionado al azar) de la Iglesia las mujeres tengan un papel como mínimo secundario. Uno imagina a obispas, cardenalas y papisas y podría creer en una Iglesia más humana y cercana
4. Hasta que no se acabe con la gerontocracia llamada vaticana, que va unos doscientos años por detrás de la realidad social, seguiremos asistiendo per secula seculorum al CPE o a sus diversos remakes. No hablo de mandar algún misil tierra-aire con destino a la cuppola di San Pietro, pero quizá sí de una defenestración (si queréis, simbólica) en masa de papas, cardenales y altas jerarquías
5. Enlazando con el punto anterior, los únicos religiosos católicos que me han parecido admirables han sido los que he conocido en el terreno: comprometidos con los que menos tienen, valientes, dispuestos a enfrentarse con las jerarquías si estas les negaban las verdades de perogrullo: que el condón salva vidas, que antes de la vida eterna hay otra para ser vivida aquí, con dignidad. Y qué casualidad, que la mayoría de ellos estaban a puntito de dejar el club; bien porque les echaban por insumisos, bien porque se iban ellos mismos
6. El CPE llevado al extremo parece ser el practicado por un tal Marcial Maciel, fundador de algo llamado Legionarios de Cristo (ay mamita qué miedo, sólo con el nombre) y para los laicos Regnum Christi. Protegido del ¡beatificable! Johannes Paulus II, ejerció durante 10 años de pederasta, esclavista y otras lindezas bastante contrarias a la esencia del cristianismo. ¿Por qué le protegió hasta el mismo papa? ¿Por qué ahora una simple degradación -y no disolución- de una orden caracterizada por la infamia desde el principio de su existencia?