
Si pienso en el viaje al país del sol naciente, me instalo en algunas imágenes capaces de definir -o eso creo- un territorio (paisaje y paisanaje) lleno de contrastes:
1. El metro de Tokio, casi siempre lleno -es cierto que existen empujadores oficiales-, sus lolitas, los salary-men, los ubicuos ancianos a los que nadie dejaba el sitio, casi todos enfrascados silenciosamente en sus teléfonos móviles llenos de abalorios
2. Los Ryokan, hoteles tradicionales con habitaciones de tatami hechos de paja de arroz, encima de los cuales se instalan unos futones. Uno duerme casi a ras de suelo -lo cual debe tener su sentido filosófico, solo que ahora no se me ocurre cual-, y ay del que tenga alguna alergia o sensibilidad especial a los ácaros (así, la pobre C., a la que casi se comen viva)
3. Ando por cualquier calle tokiota y de repente me doy cuenta de que los japoneses (y japonesas, que diría la Pajín) son zambos ¿Por qué, si no son futbolistas ni montan a caballo? No lo sé. También son tímidos, pero creo que ahí hay una razón cultural
4. Los dos relatos de Mishima ("La perla" y "Patriotismo". Gracias, G.) te transportan como pocas cosas a la esencia de un Japón no tan lejano en el tiempo. Y de paso, las vidas (y muertes) trágicas del propio Mishima, de Kenzaburo Oé, o de Kawabata
5. Los trenes bala (Shinkansen), que recorren las largas distancias insulares a 350 km por hora, mientras en algunos lugares demoran literalmente horas en preparar el té o un ramo de flores
6. Las reverencias. Ay, las reverencias. Hay escenas cómicas, en las que dos o tres personas entran en un bucle reverencial interminable. Como cuando nos despedimos aquí y luego nos quedamos una hora más hablando, pero más chistoso
7. En Japón he visitado -y admirado- los jardines más hermosos que conozco. Lo dijo Tomoko: desde cualquier lugar que mires estás viendo un jardín diferente. Y mientras que uno no se cansa de contemplarlos, con los templos budistas y sintoistas ocurre lo contrario: a partir del décimo empalagan
8. En plena búsqueda del mito cultural japonés, como si dijéramos, sale de repente una maiko (aprendiz de geisha) por una de las puertas del barrio de Gyon, y se monta una buena. Paparazzi, masas enfervorizadas. Nos preguntamos si son las belenes estébanes niponas (solo que con mejor formación)