jueves, 6 de enero de 2011

De la vida alegre

Fueron al cine a ver la última película de la Bollaín. Y les gustó, vaya que sí.

A la salida, pasearon por el centro de un Madrid levemente lluvioso. Tomamos algo, dijo él; vale, acordó ella. Entraron en una pizzeria de Lavapiés, por la que tantas veces pasaran de largo. La pizzas estaban más que buenas, también el vino que las acompañaba. El camarero, oriental, era eficiente y encantador.

Hablaron de la peli recién vista y de Liniers, al que ella conoció en Buenos Aires. Al rato, una familia se sentó en la mesa de al lado. La niña, entre aburrida y curiosa, les miraba con descaro; ellos contraatacaron y le preguntaron cómo se llamaba y qué pizza elegiría. Y así, entre bromas y risas, aquel espacio se tornó ligero, risueño. Hasta los padres de la criatura, serios al principio (igual pensaban que aquellos dos eran secuestradores de niños, o algo), terminaron por participar en la comedia.

A veces la vida es así de sencilla. Sin ñoñerías casapraderiles, uno disfruta de todo y de todos, y consigue que lo que le rodea adquiera ese halo de facilidad, de armonía. Algunos hablarían de la ley de la atracción. Otros, del cumplimiento (al menos parcial) del sabio precepto de Montaigne:

La sabiduría consiste en una alegría continua.

2 comentarios:

  1. La vida es así o al menos debemos aprenderla a vivir as. O más que aprender dejar que sea así, sin cerrarla y atraparla en unos costantes para qué y por qué.
    Pero la peli merece alguna nota tuya, DIGO.

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  2. Tengo que ver la peli, tiene buena pinta.

    Y coincido contigo en que los momentos de bienestar y de felicidad los sueles encontrar en las cosas sencillas y en los momentos más inesperados (una buena comida o un buen café charlando con un buen amigo, por ejemplo), mucho más que en las situaciones más sofisticadas y planificadas...

    A mi desde luego cada vez me pasa más...

    Un abrazo Marxiano.

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