Se lo preguntaba Paul Watzlawick hace ya algún tiempo: "¿Es real la realidad?". Pues bien, últimamente yo la veo bastante irreal. Veamos porqué.Primera sensación de irrealidad: cómodamente instalado en el maravilloso plateresco del Hospital de León, me agencio un periódico cualquiera para el desayuno, y leo en portada que el avión que transportaba a la plana mayor polaca para asistir a los actos de conmemoración de la tragedia de Katyn se ha estrellado. Vuelvo a leer el titular. Luego, ansiosamente, la noticia. Parece irreal. Hace casi 70 años, 22.000 oficiales polacos morían asesinados a manos de Stalin y sus secuaces. Como ocurrió antes con el genocidio armenio y la negación del Kurdistán, y después con la invasión china de Tibet, el agresor (en este caso, Rusia) nunca reconoció abiertamente su culpa. Pero esa es otra historia; la de ahora va de que yo me sentía (des)instalado en una difícil irrealidad.
Segunda sensación de irrealidad: de nuevo en el desayuno, y también en el periódico, leo lo del volcán islandés de nombre impronunciable. Ninguna pérdida humana, pero media Europa paralizada. Miles de vuelos cancelados (me cuenta mi hermana que Q. se ha quedado colgao en Londres, y que cada día es una lucha por alcanzar alguna etapa hacia el sur; ayer Paris, luego Burdeos, quizá mañana Madrid; M. por su parte no puede volar a Riga, aunque sospecho que tampoco le importa). Lo leo y no lo creo, o mejor dicho lo creo pero me parece irreal.
No es ya que la realidad supere a la ficción como proveedora de argumentos. Es que, sencillamente, la realidad es a veces irreal. Aunque también puede ocurrir lo contrario: vas a ver "Les 7 doigts de la main" en el Price sin demasiadas expectativas, pero asistes a un espectáculo bellísisimo y percibes que, aunque lo que ocurra en el escenario pertenezca a los dominios del sueño, tú lo vives como una realidad. Que además te deja con la boca abierta.
hola,
ResponderEliminarya estoy aquí. Londres, París, Burdeos, San Sebastián, Madrid. Todo esto en Eurostar, TGV, taxi, Avis.
Sin embargo creo que soy de los afortunados, yo he llegado y además por cuenta de la empresa. Q.
¡Ese es mi Q.! Tío, quina experiència...Supongo que a partir de ahora, ningún deseo de visitar la bella Islandia...
ResponderEliminarPues craso error, Islandia es un país alucinante con desiertos de lava, glaciares, montañas, fiordos... todo en el mismo país, y con pocos turistas (y pocos indígenas, apenas 300.000 habitantes en 103.000 kms2), contrastes por doquier... Yo tuve la suerte de visitarla hace 10 años y repetiría seguro... Uno de mis mejores viajes. Y las walkyrias islandesas, ay las islandesas!!!
ResponderEliminarA mi me encantaría...Llevo años pensando en ir, pero no termina de cuajar. Además, se supone que ahora será más barato, ¿No? Por cierto: todo ese cuento de los islandeses épicos, valientes, puros, casi extraterrestres, ¿No se va un poco al carajo con la bancarrota provocada por unos cuantos des sus conciudadanos?
ResponderEliminarBravo por el cuadro de Magritte, Zuazu. Resume bien lo que dices de realidad e irrealidad. Por cierto, yo no sabría definir la sensación que me inunda (¿perplejidad? ¿hastío?) al saber de Gürteles, juicios políticos a Garzón, mafias mallorquinas y demás...
ResponderEliminarYo sí la sé definir, anónimo (veneciano, o no): hastío, vergüenza, grima.
ResponderEliminarPodríamos seguir con asco, impotencia, repugnancia...
ResponderEliminarPero prefiero dedicar unas palabras a la bella Islandia. Como dice el discípulo de Groucho es una tierra maravillosa que te va dejando con la boca abierta según subes un glaciar, ves un geiser o simplemente miras al mar de día a las 12 de la noche.
Viajad allí en cuanto podais y haceros amigos de los Trölls.
Lo mismo M. preferiría haberse quedado sin poder volver desde Riga.
ResponderEliminarLo dudo. No te veo entretenida por letones horteras, tirando a feillos y alcohólicos. Mejor ellas.
ResponderEliminarEs jūtu sāpes, ko viņa vārdiem, Zuazua.
ResponderEliminarI feel blessed for your negligible words. Soi leton elegante e guapo
Estoy totalmente de acuerdo con el letón herido.
ResponderEliminar¿Cómo ha podido olvidar así Al-Zuazu a la bella Riga y sus increibles mujeres?
Perdona, Gulbis. Te hacía en algún torneo por ahí...
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