Mal empezó el viaje. Y eso que durante el vuelo un grupo de lolitas finlandesas me había distraido de las potentes turbulencias externas. Muy vistosas (las turbulencias no; las lolitas), pero qué bulla armaban las jodías. Para que luego digan que los ruidosos somos nosotros, los ejpañoles. El caso es que el avión de Lufthansa había salido en hora del aeropuerto de Madrid, pero llegó con retraso a Frankfurt y no llegué a tiempo para la conexión con Nürenberg. Servidor lo intentó todo, fue corriendo con la lengua fuera hasta la terminal establecida, pero cuando quiso acceder al control de pasajeros la Frau Rottenmeier de turno le espetó un sonoro NEIN!! que, unido a la cara de acelga o acelguen de la germana, dejaba muy a las claras que ahí no tomaba un vuelo más ni el tato. Reclamación al canto y noche en el Intercity Hotel del Aeropuerto de la financiera villa.
En el hotel pego la hebra con un hongkonés, Cheng, que me cuenta su vida en clave de business. Sin aficiones, sin planes. Sólo el business, qué pesao. Menos mal que lo arregló un poco pagando él las cervezas.
Al dia siguiente tomé el primer vuelo Frankfurt-Nürnberg y desde allí en tren a Schwabach, a casa de B. y R., y ahora también del pequeño P. Unos dias alegres y tranquilos, entre excursiones en bicicleta por paisajes de (ni te) cuento y amenas conversaciones por la noche en el jardín. La vida debería ser siempre así, estar con las personas a las que queremos y permitirnos algunos placeres sencillos: una copa de vino al anochecer y en buena compañía es uno de ellos.
Después de aquellos dias apacibles y hermosos, que fueron diríamos de una rara perfección (incluso el pequeño y dulce P. ya alcanzaba a llamarme casi por mi nombre, Bálasz me decía, creyendo quizá que uno era de ascendencia húngara, lo que sin duda tiene más caché), estaba dispuesto a olvidar el sabotaje de Lufthansa, pero hete aquí que cuando estoy esperando en la estación el tren que me llevará de Nürnberg aViena anuncian por megafonía que llegará con una hora de retraso. Ahora soy yo el que exclama NEIN!!! para sus adentros. Y es que como dice la canción, los tiempos están cambiando; la otrora incontestable puntualidad germana, en entredicho.
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