viernes, 21 de agosto de 2009

Más vieneses célebres

Pocos turistas había en la casa-museo de Sigismund Schlomo Freud. Histórico lugar el de la Bergasse 19; y bien que te lo cobraban, nueve euros por ver una pila de fotos y alguna estatuilla antigua de la colección freudiana. Lo más relevante (incluido el famoso diván) está en Londres. Interesantísima la documentación sobre la llegada de los nazis a Viena y la salida pactada hacia Londres del padre del psicoanálisis.
Y digo pactada porque, según se cuenta, los de la cruz gamada le obligaron a firmar un documento donde debía indicar que había sido tratado con consideración por la policía nazi. Entonces Freud les preguntó si podía añadir en el documento la siguiente apostilla: "Recomiendo encarecidamente la Gestapo a cualquiera". No sabíamos del profundo sentido del humor del anciano judío, y tampoco sabemos porqué no le descerrajaron seis tiros ahí mismo, ya que no creemos que la boutade les hiciera mucha gracia a esos tipos tan grises. E insistiendo en su fina ironía, y ante la quema pública de sus libros pocos años antes, dijo: "Es innegable que el mundo avanza. En la Edad Media me hubieran quemado a mi, ahora basta con quemar mis libros".

Otto Wagner es a Viena lo que Gaudí a Barcelona. Bueno, también hay unos engendros de un tal Hundertwasser, pero ya que el gusto es libre me permito dejarlo absolutamente de lado.

Y sí, se encuentran obras de Wagner por toda Viena. Una de las más interesantes está aproximadamente donde cristo perdió el mechero, es decir, bastante lejos. El viajero tuvo que salir de la ciudad en autobús y llegar después por sus propios medios (es decir, sus propias piernas) a un hospital psiquiátrico, para así terminar en la Kirche Auf dem Steinhof, otra maravilla del Jugendstill. Aunque el viajero deberá reconocer que no permaneció allí mucho tiempo: por un lado, la iglesia estaba cerrada (os odio, amables informadores del hotel), y por otro, se vio rodeado por tres o cuatro grupos de enfermos mentales que le recordaron inmediatamente a varios Doctores Mabuse juntos. Pies para qué os quiero...

Un último inciso. En otro edificio muy particular, el de la Secesión vienesa (que algunos bienpensantes de principios de siglo XX pensaron en quemar, por atentar contra el verdadero arte), se encuentra el Friso de Beethoven. Estuve a punto de no ir porque ya había visto una copia más o menos autorizada en la madrileña Fundación March, y menos mal que cambié de opinión. Me quedé sin palabras; y no sólo porque el original es bellísimo, sino también porque el gorila que sale representando el mal...¿No es clavado al cinematográfico King-Kong, que tardaría todavía unos años en asustar al mundo?

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