lunes, 28 de diciembre de 2009

Vasili

Casi como en el relato de Monterroso, cuando llegué Vasili todavía estaba allí. En la cocina, pintando. Habían cambiado la caldera hacía tiempo y después de tapar los agujeros, faltaba darle un poco de lustre.

Vasili es ucranio o ucraniano, que lo mismo da. De Kiev. Lleva años en España y trabaja en lo que sale, un baño roto por ahí, unas manos de pintura por allá. No habla mucho castellano pero se hace entender. Le miras a los ojos y encuentras en su mirada una mezcla de dureza, tristeza y ternura. La conexión eslava, piensas.

Vasili acaba de terminar la faena, que parece perfecta. Y encima ha dejado la cocina más limpia y ordenada de lo que estaba cuando entró. Igualito que la otra faena, la que te hizo hace tiempo el Tío Vinagres en la casa de Vallecas: cuando terminó de pintar se largó y dejó la casa que parecía territorio comanche. No protestamos porque al Tío Vinagres mejor no decirle nada, su mirada no era eslava sino más bien de Puerto Hurraco. Era un gran pintor de brocha gorda, pero daba miedo. Entre otras barbaridades, se decía que su mujer era a la vez su hermana y que por eso la hija había salido así de horrenda.

Vuelvo a Vasili. Le ayudo a bajar los trastos a la calle, mientras viene su compañero a recogerle en coche. Hace mucho frío, yo voy con el plumas y él con camiseta y poco más. "Menos quince grados hoy Kiev", me dice. El compañero se debe haber extraviado porque llevamos una hora esperando y no aparece. Voy camino de convertirme en puro carámbano, pero me digo a mi mismo que debo seguir ahí. Con Vasili, mon semblable, mon frère, al que nunca más volveré a ver.

4 comentarios:

  1. Bueno, verás, que Vasili se te parece, pues no: tú no eres manitas, perdona. Ni apañoso. Ja.

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  2. Pero cómo que no. Eso son maledicencias.Últimamente conseguí cambiar una bombilla sin electrocutarme.
    Bueno, vale: es oir la palabra bricolage y entrarme la urticaria

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  3. Дякуємо за Ваші добрі слова. Привітання

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