Acabo de terminar La familia Wittgenstein, de Alexander Waugh (nieto del famoso Evelyn, el de Retorno a Brideshead). Un libro apasionante y adictivo sobre una familia que no encajaría exactamente en el modelo preconizado por Mr. Rouco Varela, ya que en sus filas encontramos a suicidas, homosexuales y en fin, a gente muy promiscua y descreída.Un padre autoritario y despótico y una madre gallinácea y sin personalidad, esa parece ser la fórmula para que los nueve hermanos fueran profundamente infelices la mayor parte de sus vidas. Tres varones se suicidaron, una de las hijas fue la secretaria-esclava del padre mientras vivió, Paul -que iba para gran pianista- perdió una mano en la guerra (aunque parece que siguió tocando, y con éxito) y Ludwig era el tipo más extravagante que uno se podía encontrar: no por haber sido involuntario compañero de pupitre de un tal Adolf Hitler (ver foto), sino por haber escrito una obra filosófica cumbre (el Tractatus logico-philosophicus) que al parecer no entendía ni él mismo; por pasar de todo y ponerse a trabajar de jardinero en un monasterio; y por no llegar el mismo a suicidarse en varias ocasiones apelando al adagio del tercer cuarteto de Brahms. Finalmente, murió de cáncer y obsesionado por el color, cual Goethe.
Los Wittgenstein se soportaban mal. Sólo había una cosa que les unía: la música. Cuando tocaban juntos, o con motivo de algún concierto organizado en casa (vivían en un fabuloso palacio vienés con salas dedicadas exclusivamente a ese fin) componían una familia perfecta y casapraderil. A aquellos conciertos asistían tipos apellidados Brahms, Mahler, Schumann o Strauss. Y también alguien llamado Sigmund Freud, al que suponemos desbordado por el trabajo que le daría aquella familia, un tesoro para el psicoanálisis.
El libro recuerda al estupendo El mundo de ayer, de Stefan Zweig (otro suicida, por cierto). Es decir, la Viena finisecular y lo que quedaba por venir: la caída del Imperio austrohúngaro y el fin de "la edad de oro de la seguridad". Y hasta ahora.
Admiro la valentía de volver a tratar el asunto familia, dados algunos y algunas comentaristas de este blog.
ResponderEliminarLos Wittgenstein se portaban mal, veo. Tal vez todo fue culpa de las malas compañías escolares, ya se sabe. La madre gallinácea no es algo malo en sí, me parece. ¿Quizás el ser tantos hermanos (seguro que nueve y no ocho)? ¿Quizás el conocer a tanto genio del momento?
El suicidio de tantos hijos recuerda a las memorias de Castilla del Pino.
Veo que no pierde oportunidad en mentar a su alter-ego Matthew Goode y alrededores (lo digo por lo de la adaptación al cine de la novela de Waughn).
ResponderEliminarAdemás de Castilla, me viene a la memoria los Panero.
Gracias por lo de Goode, me gusta más que lo del Perkins, por lo de psicópata. Lo de los Panero es más bien cutre, comparado con lo de la familia W.
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