lunes, 28 de junio de 2010

Un cuento breve

Mientras tomamos café en el Mercado de la Paz, C. me cuenta su historia.

Resulta que todas las mañanas, alrededor de las siete y media, dos gorriones se posan en el alféizar de su ventana. El macho golpea varias veces con el pico, como diciendo "Ya estamos aquí, venimos a por lo nuestro", y la misma C. o su pareja abren la ventana y depositan en el alféizar unas migas de pan. La operación, dice C., hay que realizarla con muchísimo cuidado, porque cualquier cosa -un exceso de rapidez en la apertura de la ventana, un golpe casual- puede asustar a los gorriones y hacer que se vayan -nunca mejor dicho- volando.

Me pareció un cuento casi zen, preciso y precioso.

Hay un poema de J.E. Pacheco ("Tres y cinco") que también habla de un pájaro y de su relación con los humanos: se presenta todos los días a las tres y cinco, pero no busca comida sino tal vez compañía. El final también inspira ternura:

"Tal vez por la simple inercia de contemplarnos
siempre sentados a la mesa a una misma hora
poco a poco se ha vuelto como nosotros
animalito de costumbres."

Y es que como dijo el mejicano eso somos, aunque nos pese o intentemos cambiarlo: animalitos de costumbres.

1 comentario:

  1. Por lo que leo, vuelves a las andadas, Zuazu. ¿Otra vez con la Dickinson? ¿O quizá las Bucólicas de Virgilio? Pásate a El Jueves, la revista que sale el miércoles.

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